El magnicidio de Sucre, inspiró
una hermosa frase de Pedro Grases:
La flor de los Caballeros de la Epopeya
Libertadora había sido suprimida.

RETRATO HABLADO
Facciones
finas. Flaco de contextura. Nariz alargada. Ojos castaños. Vestía ordenada y
elegantemente. Hablaba con fino estilo. Galante.. Bebía pocas veces,
socialmente. No fumaba. Excelente bailarín. Lo disputaban como pareja. La danza
género musical preferido. Afición deportiva: el ajedrez. Practicante de la filosofía.
Excelente nadador. Implacable con su espada aunque con piedad para el vencido.
Circunspecto. Timbre de voz sonoro y distinguido. Severo y frágil. Benévolo.
Gallardo. Austero. Incorruptible y puro. Revolucionario con ideas propias. No
exhibía bandas de méritos, condecoraciones o medallas propias de su
investidura. Jamás acumuló fortunas. Tenía el don mágico de la persuasión.
Consideraba la murmuración, la peor miseria. No gustaba de guardias especiales,
ni escoltas. No tenía afanes políticos,
No guardó rencor contra nadie. Diplomático por excelencia. Escribía hasta en
los campos de batallas. Su humillad rayaba los extremos. Era cristiano respetuoso
de otros cultos. Vivió para todos los demás, menos para él mismo.
El Libertador en su lecho de enfermo, allá en
Cartagena al enterarse del magnicidio invadido por
total impotencia, emitió desde lo más profundo de su corazón una
exclamación que rasgaba su propia alma:
“La bala cruel que te hirió
el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida. Como soldado fuiste la
victoria: como Magistrado, la justicia: como ciudadano, el patriotismo: como vencedor:
la clemencia, como amigo: la lealtad. Para tu gloria lo tienes todo ya. Lo que
te falta solo a Dios comprende darlo. Se ha derrumbado Dios excelso, la sangre
del inocente Abel. ¡Si tenéis justicia, haced caer un rayo de vuestras manos
sobre aquel monstruo! ¡Desgraciado de
mi, que he dejado a ese malvado el poder de hacer mal.”
El 13 de Mayo el Gran Mariscal encaminó sus pasos
de regreso vía Pasto y Popayán. El mismo día se enteró de la separación del Ecuador
de la Gran Colombia para formar un Estado independiente con el mismo nombre
bajo el dominio del General Juan José Flores.
Un grupo de vándalos eran los encargados de hacer los
preparativos guardando la mayor cautela, especialmente porque el recorrido
entre Bogotá y Quito es suficientemente largo. Los predestinados tienen su hora
marcada, no hay fecha, ni impedimento para que ocurra lo establecido. Ellos conforman
una especie de estigmatizados desencadenantes de extraños y dramáticos rituales
para hacer más trágicas las circunstancias del acontecimiento.
La figura de
Sucre entró en el torbellino de aquella secuela diabólica, donde la alevosía y
la perversión bailaban danza macabra signada por una organización criminal
poderosa. Un grupo de vándalos recogidos en las profundidades del túnel del
averno tenían listos los preparativos, Había condiciones naturales, especialmente
por el largo recorrido Bogotá- Quito.
Tan pronto llegó a Neiva Sucre sostuvo una larga
discusión con el coronel Gobernador José Hilario López relacionado con la
situación de emergencia que vivía Colombia. López era enemigo de Bolívar y en
consecuencia del Mariscal, cualidades que valieron pero ser posteriormente
presidente de la Nueva Granada.
Había evidencias muy claras de la disposición para
acabar con la existencia del soldado sucrense. Lo podemos apreciar en las páginas
de un periódico de Bogotá llamado, nadie
sabe porque, “El Demócrata”, -si es que se puede calificar con este nombre a un
pasquín de tanta ruindad.
La citada publicación, en su edición del 1º de
Junio de 1830, anunciaba tres días antes del magnicidio esta especie de mensaje
en clave:
“El Mariscal
marchaba con sus tropas para atacar a Pasto pero el General José María Obando,
lo detendría”. Obando, el mismo sublevado en Popayán contra la autoridad de El
Libertador a quien el Mariscal, en Noviembre de 1.828, aplastara.
La historia muchas veces nos devela lo que
encierran las palabras cuando quien las dice, se esconde perversamente en su
conducta, Las viles acciones de los seres venáticos amparados en la vorágine de
sus propias inclinaciones obedeciendo intereses ajenos subalternos, se prestan
para las felonías.
Sucre había entrado en el torbellino de esa secuela
diabólica donde las animosidades y la alevosía bailan el ritmo de una danza
macabra signada por la perfidia vigilada desde una organización criminal
poderosa. Los preparativos de los vándalos guardaban las mayores cautelas,
especialmente porque el recorrido entre Bogotá a Quito era suficientemente
largo.
El Gran Mariscal encaminó sus pasos de regreso a
Quito, vía Pasto y Popayán. En la vía se enteró de la separación del Ecuador de la Gran Colombia
formando un Estado independiente con el mismo nombre bajo el dominio del
General Juan José Flores. Sacrificar a Sucre era el único objetivo de la
conspiración magnicida y para acometerla usaron una malvada estrategia para que la
mortal operación no fallara. Cada confabulado
debía cumplir sus planes en las respectivas regiones por donde pasaría
el triunfador de Ayacucho.
Sobre su caballo, el digno jinete rememoraba sus
querencias por su querida Cumaná, por el golfo, por su familia, y sus amigos. Su mente encrespada por la
tragedia de Colombia abría paso entre tantas angustias para volar con su
imaginación en aras de la tranquilidad soñada desde mucho tiempo atrás.
Tenía el cumanés la idea de llegar a Quito un mes
después, es decir el 14 de Junio, tal como había prometido a su esposa Solana
por intermedio de cartas cruzadas entre ambos. No cabía la sospecha que una
traición de semejantes dimensiones se llevaría a cabo con tanta perfidia.
Pasó la
noche en el parador de “El Salto del Río Mayo”, era la tarde del 3 de Junio, pensó en lo avanzado de
la hora por lo cual decidió pasar la noche
en la posada propiedad de Erazo uno de los confabulados.
Sucre creyó preferible dormir allí para evitar
cruzar la peligrosa montaña de Berruecos en horas nocturnas por el peligro que
representaba. Creyó conveniente un merecido descanso y reanudar la marcha al día siguiente.
Pasadas las siete de la mañana
dispuso reanudar su marcha rumbo al hogar que le esperaba en Quito, a pesar de
haberse encontrado en la posada con algunos de los contratados para asesinarle,
no sentía ningún tipo de temor.
La montaña de Berruecos es un
lugar sombrío, propicio para cualquier celada. Su ubicación entre Popayán y
Pasto, actual capital del Municipio “La Arboleda” Departamento de Nariño, a una
distancia de 78 kilómetros de la provincia de Pasto.
Cuando se
aproximaban a la cumbre montañosa, Sucre sin ser hombre que se dejara arrastrar por
las circunstancias, reflexionaba sobre su propia vida familiar que no era la
más feliz. Resistió la muerte de sus seres más queridos. Haber perdido a su
madre, padre y casi todos sus hermanos mostraba el temple de este cumanés
incomparable
Llegaba al lugar de la emboscada cuando el caballo
pisó la arena mojada, solo escuchaban el trinar de los pájaros y el crujir de
los árboles doblándose por el viento sonando extraño concierto de visos
sombríos. Había sido demasiado hermosa la aurora para presumir que esa misma
belleza matutina continuara su marcha en
la cercanía de un acto dantesco.
De pronto, rompiendo el frío silencio madrugador de
aquella mañana 4 de junio sonó el eco de una voz sentenciadora emergiendo de
las profundidades con fuerza el apellido y grado del Gran Mariscal de Ayacucho en medio de la frondosa vegetación.
Era el grito de los desalmados emboscados simulando un desgarrante alarido salido desde
ultratumba y repetido varias por el eco de la montaña en la encrespada selva.
Las miradas de los acompañantes del inmaculado general se volvieron contra el
lugar desde donde salía el aullido
Todos estaban sorprendidos. El insigne cumanés no se
inmutó. Una vez más como en el campo de batalla, con su frente altiva, rompió
el mutismo desafiando la voz que provenía desde las profundidades de aquella
zona de riscos, arena y bosque.
Enseguida se escuchó un trío de disparos, dos dirigidos
a su cabeza y uno final en su corazón arrojando su cuerpo sin vida al suelo. No
hubo tiempo a nada, solo una exclamación: “Ay balazo” a duras penas salía de
sus labios. Eran aproximadamente las ocho de la mañana.
Otro silencio sobrenatural invadió el escenario mortal
escuchándose el paso de los asesinos a galope tendido, en la seguridad que la
misión se había cumplido dejando a la intemperie en el acuoso suelo el inerte cuerpo del “Abel de Colombia”.
Después de
la otra estampida, la de los acompañantes de Sucre, el cuerpo yacía en el tenebroso suelo mientras el lastimero eco
de los silbidos del viento semejando una opereta tenebrosa desgarrando aquel bosque
preñado de soledad,
Sus restos quedaron bajo el calor
del sol que comenzaba a radiar su fuerza del día y más tarde el frío helador
nocturno combinados para similar los elementos riesgosos del naufragio vividos
frente a las costas de Paria con la diferencia que aquella vez pudo escapar con
vida. La muerte
del irreprochable soldado servía solamente a los oscuros propósitos de los
enemigos de Colombia. La canallada cometida 190 años atrás so ha tenido
similitud en el mundo.
Dos peruanos, cuatro
neogranadinos y un venezolano fueron los desalmados llamados a ejecutar el
magnicidio bajo la dirección de solapados autores intelectuales que tramaron la
traición de Berruecos. El 24 de
Abril de 1.900, los despojos fueron
rescatados y exhumados en la Iglesia del Carmen Moderno en la calle
Olmedo de Guayaquil y posteriormente
llevados el 4 de Junio a la Catedral de Quito donde reposan actualmente.
El eminente escritor
catalán Don Pedro Grases desglosó
un juicio histórico sobre el magnicidio.
Es un lenguaje político, digno de este caballero de la literatura más
expedita:
“Con el vil asesinato del Gran Mariscal de
Ayacucho, se torció el rumbo de la vida política del Continente Americano. La
flor de los Caballeros de la Epopeya Libertadora, había sido suprimida. Bolívar
lo llora con dolor, asco, tristeza e indignación”
SUPUESTOS AUTORES INTELECTUALES
Este abominable crimen es tema que apasiona y genera
diversidad de elucubraciones y suposiciones, no solo por la personalidad del
héroe, también por la crueldad del acto
y la vinculación política que se engendraron por las condiciones que
envolvían para ese momento la Gran Colombia
Desde Santander hasta Flores el inventario de
personajes supuestamente vinculados en
la conjura es extenso. La potencialidad de los autores intelectuales con serias
evidencias inculpatorias, o comprometidos incluye a actores relevantes del
mundo militar y político, según se desprende de acontecimientos registrados con
posterioridad al suceso.
Obando y López; los mismos
que conspiraron contra el Libertador, fueron elegidos años más tarde,
presidentes de la Nueva Granada, seguramente en pago por “servicios prestados a
la patria”, el resto algunos historiadores saben quiénes son y lo callan.
La investigación está
abierta no es posible cerrarla por
cuanto hay muchas cosas a escudriñar y
alguna vez vendrá la verdad. (AM.4.6.2020)

Comentarios
Publicar un comentario