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HACE 190 AÑOS UNA BALA ASESINA CEGO LA VIDA DE LA GRAN COLOMBIA





El magnicidio de Sucre, inspiró una hermosa frase de Pedro Grases:

La flor de los Caballeros de la Epopeya Libertadora había sido suprimida.
RETRATO HABLADO

Facciones finas. Flaco de contextura. Nariz alargada. Ojos castaños. Vestía ordenada y elegantemente. Hablaba con fino estilo. Galante.. Bebía pocas veces, socialmente. No fumaba. Excelente bailarín. Lo disputaban como pareja. La danza género musical preferido. Afición deportiva: el ajedrez. Practicante de la filosofía. Excelente nadador. Implacable con su espada aunque con piedad para el vencido. Circunspecto. Timbre de voz sonoro y distinguido. Severo y frágil. Benévolo. Gallardo. Austero. Incorruptible y puro. Revolucionario con ideas propias. No exhibía bandas de méritos, condecoraciones o medallas propias de su investidura. Jamás acumuló fortunas. Tenía el don mágico de la persuasión. Consideraba la murmuración, la peor miseria. No gustaba de guardias especiales, ni  escoltas. No tenía afanes políticos, No guardó rencor contra nadie. Diplomático por excelencia. Escribía hasta en los campos de batallas. Su humillad rayaba los extremos. Era cristiano respetuoso de otros cultos. Vivió para todos los demás, menos para él mismo. 
  
El Libertador en su lecho de enfermo, allá en Cartagena al enterarse   del magnicidio  invadido por  total impotencia, emitió desde lo más profundo de su corazón una exclamación que rasgaba su propia alma:
La bala cruel que te hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida. Como soldado fuiste la victoria: como Magistrado, la justicia: como ciudadano, el patriotismo: como vencedor: la clemencia, como amigo: la lealtad. Para tu gloria lo tienes todo ya. Lo que te falta solo a Dios comprende darlo. Se ha derrumbado Dios excelso, la sangre del inocente Abel. ¡Si tenéis justicia, haced caer un rayo de vuestras manos sobre aquel monstruo! ¡Desgraciado  de mi, que he dejado a ese malvado el poder de hacer mal.”

El 13 de Mayo el Gran Mariscal encaminó sus pasos de regreso vía Pasto y Popayán. El mismo día se enteró de la separación del Ecuador de la Gran Colombia para formar un Estado independiente con el mismo nombre bajo el dominio del General Juan José Flores.
Un grupo de vándalos eran los encargados de hacer los preparativos guardando la mayor cautela, especialmente porque el recorrido entre Bogotá y Quito es suficientemente largo. Los predestinados tienen su hora marcada, no hay fecha, ni impedimento para que ocurra lo establecido. Ellos conforman una especie de estigmatizados desencadenantes de extraños y dramáticos rituales para hacer más trágicas las circunstancias del acontecimiento.
La  figura de Sucre entró en el torbellino de aquella secuela diabólica, donde la alevosía y la perversión bailaban danza macabra signada por una organización criminal poderosa. Un grupo de vándalos recogidos en las profundidades del túnel del averno tenían listos los preparativos, Había condiciones naturales, especialmente por el largo recorrido Bogotá- Quito.
Tan pronto llegó a Neiva Sucre sostuvo una larga discusión con el coronel Gobernador José Hilario López relacionado con la situación de emergencia que vivía Colombia. López era enemigo de Bolívar y en consecuencia del Mariscal, cualidades que valieron pero ser posteriormente presidente de la Nueva Granada.
Había evidencias muy claras de la disposición para acabar con la existencia del soldado sucrense. Lo podemos apreciar en las páginas de un  periódico de Bogotá llamado, nadie sabe porque, “El Demócrata”, -si es que se puede calificar con este nombre a un pasquín de tanta ruindad.
La citada publicación, en su edición del 1º de Junio de 1830, anunciaba tres días antes del magnicidio esta especie de mensaje en clave:
“El Mariscal marchaba con sus tropas para atacar a Pasto pero el General José María Obando, lo detendría”. Obando, el mismo sublevado en Popayán contra la autoridad de El Libertador a quien el Mariscal, en Noviembre de 1.828, aplastara.
La historia muchas veces nos devela lo que encierran las palabras cuando quien las dice, se esconde perversamente en su conducta, Las viles acciones de los seres venáticos amparados en la vorágine de sus propias inclinaciones obedeciendo intereses ajenos subalternos, se prestan para las felonías.
Sucre había entrado en el torbellino de esa secuela diabólica donde las animosidades y la alevosía bailan el ritmo de una danza macabra signada por la perfidia vigilada desde una organización criminal poderosa. Los preparativos de los vándalos guardaban las mayores cautelas, especialmente porque el recorrido entre Bogotá a Quito era suficientemente largo.
El Gran Mariscal encaminó sus pasos de regreso a Quito, vía Pasto y Popayán. En la vía se enteró de la  separación del Ecuador de la Gran Colombia formando un Estado independiente con el mismo nombre bajo el dominio del General Juan José Flores. Sacrificar a Sucre era el único objetivo de la conspiración magnicida y para acometerla  usaron una malvada estrategia para que la mortal operación no fallara. Cada confabulado  debía cumplir sus planes en las respectivas regiones por donde pasaría el triunfador de Ayacucho.
Sobre su caballo, el digno jinete rememoraba sus querencias por su querida Cumaná, por el golfo, por su familia,  y sus amigos. Su mente encrespada por la tragedia de Colombia abría paso entre tantas angustias para volar con su imaginación en aras de la tranquilidad soñada desde mucho tiempo atrás.
Tenía el cumanés la idea de llegar a Quito un mes después, es decir el 14 de Junio, tal como había prometido a su esposa Solana por intermedio de cartas cruzadas entre ambos. No cabía la sospecha que una traición de semejantes dimensiones se llevaría a cabo con tanta perfidia.
Pasó la noche en el parador de “El Salto del Río Mayo”, era la tarde del 3 de Junio, pensó en lo avanzado de la hora por lo cual decidió pasar la noche  en  la posada  propiedad de Erazo uno de los confabulados.
Sucre creyó preferible dormir allí para evitar cruzar la peligrosa montaña de Berruecos en horas nocturnas por el peligro que representaba. Creyó conveniente un merecido descanso  y reanudar la marcha al día siguiente.
Pasadas las siete de la mañana dispuso reanudar su marcha rumbo al hogar que le esperaba en Quito, a pesar de haberse encontrado en la posada con algunos de los contratados para asesinarle, no sentía ningún  tipo de temor.
La montaña de Berruecos es un lugar sombrío, propicio para cualquier celada. Su ubicación entre Popayán y Pasto, actual capital del Municipio “La Arboleda” Departamento de Nariño, a una distancia de 78 kilómetros de la provincia de Pasto. 
Cuando se aproximaban a la cumbre montañosa, Sucre sin ser hombre que se dejara arrastrar por las circunstancias, reflexionaba sobre su propia vida familiar que no era la más feliz. Resistió la muerte de sus seres más queridos. Haber perdido a su madre, padre y casi todos sus hermanos mostraba el temple de este cumanés incomparable
Llegaba al lugar de la emboscada cuando el caballo pisó la arena mojada, solo escuchaban el trinar de los pájaros y el crujir de los árboles doblándose por el viento sonando extraño concierto de visos sombríos. Había sido demasiado hermosa la aurora para presumir que esa misma belleza matutina continuara su marcha  en la cercanía de un acto dantesco.  
De pronto, rompiendo el frío silencio madrugador de aquella mañana 4 de junio sonó el eco de una voz sentenciadora emergiendo de las profundidades con fuerza el apellido y grado del Gran Mariscal de Ayacucho  en medio de la frondosa vegetación.
Era el grito de los desalmados emboscados  simulando un desgarrante alarido salido desde ultratumba y repetido varias por el eco de la montaña en la encrespada selva. Las miradas de los acompañantes del inmaculado general se volvieron contra el lugar desde donde salía el aullido  
Todos estaban sorprendidos. El insigne cumanés no se inmutó. Una vez más como en el campo de batalla, con su frente altiva, rompió el mutismo desafiando la voz que provenía desde las profundidades de aquella zona de riscos, arena y bosque.
Enseguida se escuchó un trío de disparos, dos dirigidos a su cabeza y uno final en su corazón arrojando su cuerpo sin vida al suelo. No hubo tiempo a nada, solo una exclamación: “Ay balazo” a duras penas salía de sus labios. Eran aproximadamente las ocho de la mañana.

Otro silencio sobrenatural invadió el escenario mortal escuchándose el paso de los asesinos a galope tendido, en la seguridad que la misión se había cumplido dejando a la intemperie en el acuoso suelo  el inerte cuerpo  del “Abel de Colombia”.
Después de la otra estampida, la de los acompañantes de Sucre, el cuerpo yacía en  el tenebroso suelo mientras el lastimero eco de los silbidos del viento semejando una opereta tenebrosa desgarrando aquel bosque preñado de soledad,
Sus restos quedaron bajo el calor del sol que comenzaba a radiar su fuerza del día y más tarde el frío helador nocturno combinados para similar los elementos riesgosos del naufragio vividos frente a las costas de Paria con la diferencia que aquella vez pudo escapar con vida. La muerte del irreprochable soldado servía solamente a los oscuros propósitos de los enemigos de Colombia. La canallada cometida 190 años atrás so ha tenido similitud en el mundo.

Dos peruanos, cuatro neogranadinos y un venezolano fueron los desalmados llamados a ejecutar el magnicidio bajo la dirección de solapados autores intelectuales que tramaron la traición de Berruecos. El 24 de Abril de 1.900, los despojos fueron  rescatados y exhumados en la Iglesia del Carmen Moderno en la calle Olmedo de Guayaquil y  posteriormente llevados el 4 de Junio a la Catedral de Quito donde reposan actualmente.
El eminente escritor  catalán Don Pedro Grases  desglosó un juicio histórico sobre  el magnicidio. Es un lenguaje político, digno de este caballero de la literatura más expedita: 
“Con el vil asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, se torció el rumbo de la vida política del Continente Americano. La flor de los Caballeros de la Epopeya Libertadora, había sido suprimida. Bolívar lo llora con dolor, asco, tristeza e indignación”

SUPUESTOS  AUTORES INTELECTUALES
Este abominable crimen es tema que apasiona y genera diversidad de elucubraciones y suposiciones, no solo por la personalidad del héroe, también por la crueldad del acto  y la vinculación política que se engendraron por las condiciones que envolvían para ese momento la Gran Colombia
Desde Santander hasta Flores el inventario de personajes supuestamente  vinculados en la conjura es extenso. La potencialidad de los autores intelectuales con serias evidencias inculpatorias, o comprometidos incluye a actores relevantes del mundo militar y político, según se desprende de acontecimientos registrados con posterioridad al suceso.
Obando y López; los mismos que conspiraron contra el Libertador, fueron elegidos años más tarde, presidentes de la Nueva Granada, seguramente en pago por “servicios prestados a la patria”, el resto algunos  historiadores saben quiénes son y lo callan.
La investigación está abierta  no es posible cerrarla por cuanto hay muchas cosas a  escudriñar y alguna vez vendrá la verdad. (AM.4.6.2020)


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