En un mundo donde se debaten
diferentes corrientes de opinión sobre
concurrir o no a votar para cumplir un derecho particular, que tiene su
principal soporte en la voluntad. Creemos sin embargo, que el mayor compromiso
para que los ciudadanos concurran o no a esa sagrada potestad que da la
Constitución, es el consejo rector del
respeto al sufragio cuyas últimas demostraciones dejan mucho que pensar. Con
excepción de los últimos procesos electorales, siempre hubo en Venezuela la
tendencia a la baja abstención; incluso cuando los extremistas estuvieron
alzados contra el gobierno constitucional en los años sesenta, la masiva
concentración en las urnas electorales era evidente, lo que significó una
enorme derrota para ellos. ¿Sabe porqué? Los entes electorales de entonces eran pulcros,
probos, incapaces de acciones innobles contra el voto popular. Los ejemplos
sobran. La muestra más patética fueron las elecciones de 1952 cuando el Presidente
del Consejo Supremo Electoral, Vicente Grisanti renunció junto a otros 10
miembros de su directiva en pleno ante la alteración de los verdaderos
resultados por parte de la dictadura perezjimenista. Intentaron cambiar la
tendencia de los escrutinios que daban ganador a las planchas de URD en primer
escrutinio: URD 294 mil 593, FEI (Pérez Jiménez) 147.528 y Copei 82 mil
090 votos. Otros ejemplos posteriores de
esa tradición firme del organismo electoral fue en 1958 con Eduardo Arroyo
Lameda como Presidente del CSE cuando Betancourt ganó por apenas 8% de ventaja
sobre Larrazábal quien acababa de entregar la junta de gobierno, y la victoria en 1968 de Caldera por el estrecho margen de
36 mil votos contra el candidato Gonzalo Barrios, abanderado del gobierno de
Leoni, esta vez el recto presidente del organismo era Carlos Delgado Chapellín:
además, diputados y senadores que obtuvieron las curules hasta por una
diferencia de 150 votos, para citar solo algunos casos. Había una enorme
confianza entre quienes dirigían el Consejo Electoral, confianza ganada por su
conducta. Es allí donde reposa la diferencia de aquella época a ésta parte.
COMO DEVOLVER LA CONFIANZA.
La falta de seguridad en el destino del voto emitido es la gran incógnita de los procesos electorales bajo el régimen chavista.
Hemos dicho en otras ocasiones que el Consejo electoral no debe pedir confianza
a las gentes, lo correcto es que se gane la confianza de las gentes por su
comportamiento. A mi juicio ese es y no otro, el principal obstáculo a vencer.
La confianza se logra con una posición parcial, sino simplemente apelando al
ordenamiento jurídico e insertarlo en las resoluciones de los rectores cuyo
objetivo debe ser cumplir con rescatar esa confianza. De no lograrse la
credibilidad en el CNE, las elecciones no tienen sentido. En este orden de
ideas vale preguntar. Está dispuesto el CNE a rescatar su autonomía? Veamos:
1.- El CNE, a pesar de ser un mecanismo autónomo no fue tomado en cuenta cuando el TSJ,
encerrado entre cuatro paredes dispuso la intervención inconstitucional de los
partidos más importantes de la oposición para entregárselos a tartufos de la
política. 2.- Aclarar si consideran un acierto jurídico el nombramiento de
estos rectores por una rama del poder público, sin la aprobación de la Asamblea
Nacional. 3.-Puede un hombre como el general de la gran charretera, Padrino
López, quien no ha negado su vinculación con el PSUV, dirigir un Plan República
imparcial que no se meta en los locales electorales sino en la parte de afuera
de ellos. 4.- Porque se promueve un proceso comicial sin haber “limpiado” el
registro electoral, sin que se abran inscripciones para los nuevos votantes, ni
siquiera se sabe cuántos electores migraron por “la pre pandemia del hambre”. No existe en
definitiva el número de electores. 5.- El compromiso del respeto a los
resultados donde está? Ese es el asunto.
Hasta donde sepamos, no existe una sola prueba de los nuevos rectores que nos
permita depositar la confianza que requiere el organismo.
La
coacción sobre las gasolineras.
Así como anuncia el gobierno
“tres millones de viviendas construidas”, hay también más tres millones de
torpezas a lo largo de 21 años de régimen izquierdoso. El último para no
meternos con los demás, está relacionado con las estaciones de servicio para el
combustible. Al gobierno se le antoja pensar que la solución de la falta de
combustible es ponerle las manos a los centros de abastecimiento para así
ejercer mayor control de la población y para insertarlos en el carnet de la
patria. Lo que el gobierno no piensa es que la mayoría de esas empresas desde
hace más de 30 años están en manos de gentes responsables que los tienen como sustento de su familia;
pero más allá de eso, en el fondo esa decisión obedece más a las premuras que
se van a presentar en el curso de los próximos días cuando se acaba la que
viene de Irán, y por supuesto, la única manera de disfrazar la escasez es pasando
esos expendios a manos del gobierno a través de testaferros “rojos rojito” para
ejercer lo que ya muchos llaman “la dictadura de la gasolina.” Pudiera
presumirse que la tentación de la dolarización de la venta tiene otros ribetes.
El ofuscamiento presidencial
En el retrovisor del carro
presidencial solo aparecen las figuras de la intranquilidad y el desespero. La
paz ha desaparecido de Miraflores debido los últimos acontecimientos relativos
a la función política. Un militar amigo cuenta que el Presidente “anda
desconocido con una irracionalidad insoportable, carente de sosiego. Poco habla
a pesar de su carácter parlanchín”. Uno elucubra en la búsqueda de las razones para
padecer la aerofagia que lo domina. Tres aparentemente son las motivaciones de
su disgusto: La posibilidad de una sentencia de la Corte Internacional Penal,
la detención del mega contratista de su gobierno Alex Saab y la potencial negativa
del Banco de Londres para entregarle el oro allí depositado. Eso no solo a
Maduro. Cualquiera pierde los estribos en
su lugar.
Insolencia contra los
partidos
Una de las mayores tragedias
que motivó la repulsa internacional fue el brutal despojo de los símbolos de
Acción Democrática y Primero Justicia. La decisión de un TSJ que todo el mundo
sabe, solo cumple las órdenes desde Miraflores, voló en pedazos lo poco que
quedaba de Constitución reemplazando de manera definitiva el estado de derecho
por uno de hecho. Ahora es la ley del más fuerte la que rige la norma en
Venezuela. Un partido con ochenta años de fundado, se disuelve de un plumazo
artero cometido por los llamados a ser los primeros defensores de la Carta
Magna, ¿Por qué el Fiscal General no ha
emitido juicio sobre ese exabrupto judicial?

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