A pesar de lo extenso de
nuestra guerra de independencia la historiografía no presenta sino la superficialidad de una
gesta marcadora de rumbos definitivos en la existencia de América y de muchas
naciones que tomaron de muestra el ejemplo venezolano para afianzamiento de sus
luchas emancipadoras.
La primera visita a
Barcelona del padre de la Patria se registra en los días finales de julio de
1814 cuando condujo la Emigración a Oriente, y aunque fue por pocos días, se
reunió con algunas personas influyentes de la ciudad, quizás ante el temor por
el avance de Boves y su tropa desde la capital de la República adelantando su
salida hacia Cumaná y Margarita para
irse luego a Cartagena de indias tras la caída de la segunda república.
El 31 de diciembre de
1816 tuvo lugar el segundo viaje del Libertador a Barcelona al ingresar desde
Margarita por la boca del Neverí en las inmediaciones de Maurica, sector
considerado por los comandos de contrainteligencia como el más seguro para cualquier
tipo de maniobras militares.
En ese sector donde
se fusionan el “Neverí” y el mar Caribe se le hizo un recibimiento de héroe con cientos de
personas civiles y militares que acudieron entusiastas a darle la bienvenida.
Allí esperaba también su imponente guardia de honor liderada por el general
Juan Bautista Arismendi y el general
Urdaneta integrada por 700 barceloneses y 300 margariteños.
Al emprender su
recorrido hasta la ciudad fue primero al convento franciscano y al recorrer sus instalaciones que elogia más
por su posición geográfica estratégica e inmediatamente por lo cual ordena
fortalecerlo con suficientes pertrechos militares y levantamiento de sus murallas protectoras
hasta convertirlo en sede de su cuartel general.
Antes de abandonar el
recinto Urdaneta le rinde informes sobre la situación militar de la zona, En el
análisis que hace sobre el parte entregado por
el general zuliano considera conveniente solicitar auxilio a las fuerzas
de Mariño en Cumaná para resistir cualquier ataque de los españoles.
Luego de varias
entrevistas con sus generales, Bolívar enterado sobre el acecho que hacían las fuerzas de
Aldama y del Real, marchó el 13 a Plaza Mayor
para informar a la ciudad con relación a la marcha de la guerra y el
riesgo que corría la ciudad por la amenaza realista y al concluir su disertación solicitó el apoyo
de la población para la defensa de la plaza.
Convocó una reunión
urgente con sus oficiales donde analizó las perspectivas de seguridad para los
vecinos que comenzaron a internarse en el casa Fuerte para estar mejor
protegidos, esa junta de guerra termina solicitando auxilio a Mariño para que
envíe los refuerzos requeridos como
salida garantizadora del cuidado de los
habitantes alojados en la fortaleza y para protección de la ciudad.
Después que Bolívar
tuvo conocimiento de la marcha hacia Barcelona de las tropas enviadas por Mariño,
el general Bolívar traza las estrategias incluyendo los refuerzos para establecer un paradigma de
resistencia que enfrente con acierto a las fuerzas enemigas.
Durante los primeros
días de febrero son vistas tropas realistas en El Pilar y San Bernardino, según
la información que le trasmite Mariño al Padre de la Patria. El día 20 de
febrero en el puente sobre el Neverí recibe El Libertador a las tropas encabezadas
cumanesas dirigidas por el general José Francisco Bermúdez. Allí mismo se
registra el histórico abrazo delante de las tropas entre Bolívar y Bermúdez
quien llega acompañado de Armario y Valdez, acto por el cual dejaron de lado
las desavenencias del pasado
“Mi cuartel general será la Casa Fuerte que es
inexpugnable, las flecheras defenderán el rio.
El puente será cortado, la torre y la plaza mayor serán fortificadas; en
una palabra mi defensa será formidable. Me reiré de España y de todos sus
ejércitos. Clarines fue el sepulcro de bravos patriotas, pero Barcelona será de cuantos españoles quedan por
desterrar”
dijo en una proclama el 24 de enero de 1817.
El paso hacia
Clarines estaba planificado como parte
de la acción que llevaría al Padre de la Patria en su estrategia para tomar
militarmente a Caracas, pero nada resultó como se esperaba. Bolívar no contaba
con la presencia de un regimiento realista que le esperaba con una emboscada
desde los matorrales propiciada por un grupo de indígenas al servicio de la
monarquía infringiendo una derrota dolorosa.
La salvación de
Bolívar, Arismendi y una docena de oficiales fue realmente milagrosa teniendo
que lanzarse al Unare para luego de ser rescatado seguir su camino de regreso a
Barcelona donde estuvo hasta el 24 de marzo de 1817 cuando viajó a Guayana
dejando la ciudad bajo la protección de Freites y unos trescientos
soldados en la Casa Fuerte.
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